Nuestra Propuesta
Semanario del Comité Central del Partido Comunista de Argentina

Editorial N° 470 - 11 de Noviembre de 1999

¿Transición o continuismo?

El presidente electo rindió examen en el cónclave de los grandes empresarios. Convocados en Mar del Plata por Idea, el clásico foro anual de los poderosos, los políticos que se van y los que vienen concurrieron a rendir examen. Menem y Roque Fernández, los más aplaudidos, recibieron el agradecimiento de quienes saben que sus ganancias, sus mayores riquezas y el incremento de su poder, se deben a las mediaciones gubernamentales en la fijación de políticas. Las que han favorecido ampliamente a una burguesía que no distingue actas de nacimiento y solo aprecia sus intereses. Claro está que hablamos de intereses trasnacionales.

Aquellos que se preparan para gobernar también salieron aprobados. Es que De La Rúa y Machinea entonaron los sones que el poder económico quería oír. Pero además de escuchar, los magnates presionaron para que los acordes armonicen más con sus demandas de profundización de una política que los siga favoreciendo. Por eso sonaron bien los anticipos de resguardar la "seguridad jurídica", la primera convicción sustentada por el flamante presidente electo. O el anticipo de un fuerte "ajuste" respaldado por el probable ministro de Economía. Es que todos comprendían, en la complicidad de viejos compañeros de truco, que el ajuste se orienta hacia los sectores más desprotegidos.

Entre ellos se destacan los trabajadores del Estado, tal como anticipa la ley de Empleo que De la Rúa presentó a la Legislatura porteña en tiempos de elecciones que apunta de lleno contra la estabilidad laboral y promueve la flexibilización en la Ciudad autónoma. Tambien resalta la propuesta de reestructuración de la Administración Central que Fiel presentó al Consejo Empresario Argentino (CEA), en la cual reclama la cesantía de unos 100.000 estatales, es decir, un 30 por ciento de la planta actual.

Son propuestas que se extienden a todos los trabajadores y afirman la reforma laboral, como parte de las reformas de segunda generación que los organismos financieros internacionales exigen a los gobernantes en esta etapa del desarrollo capitalista. Es curioso como adoptan un discurso de "humanización" de las relaciones económicas, como el que se hace en la Internacional socialdemócrata en París, mientras persisten en un camino de ofensiva del capital contra el trabajo, o más precisamente, de los capitalistas más concentrados a escala mundial contra los trabajadores y otros sectores populares.

Reducir el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias afecta a una amplia porción de los trabajadores con ingresos medios y se proyecta en la restricción de la capacidad de consumo de los sectores medios de la población. Sus destinatarios son los productores y pequeños y medianos empresarios que cifran sus perspectivas en el mercado interno. El cumplimiento irrestricto de la Ley de Convertibilidad Fiscal, confirmado en Mar del Plata, anticipa restricciones en el gasto público social, ya que se descuenta el cumplimiento con los acreedores externos, los que se llevan nada menos que casi el 20 por ciento del gasto total presupuestado.

Para esa política reclaman el "consenso" de los actores sociales. En ese sentido miran hacia la CGT y particularmente hacia la corriente interna encolumnada en el MTA, más funcionales a los tiempos que corren. ¿Una parte de la conducción de la CTA disputará esa relación de privilegio? Eso puede ocurrir si se remite a los dichos de los principales dirigentes de la Ctera en su reciente congreso donde se sostuvo, palabras más, palabras menos, que "no hay espacio para la conflictividad, ni aguante social para un nuevo ajuste".

La realidad de los docentes en la Ciudad de Buenos Aires le dio vuelta la cara a la negociación que definieron el gobierno porteño y el gremio que responde nacionalmente a Marta Maffei. Si verdaderamente se quiere construir una central alternativa de los trabajadores, se reclama de la CTA el pleno cumplimiento de las resoluciones de sus congresos y un compromiso irrenunciable con la resistencia, los intereses y demandas de los trabajadores, así como una política que no abra expectativas en la Alianza o en parte de ella. Ese compromiso debe hacerse bien firme, para este fin de año y de milenio, ante la realidad de dos mil quinientos trabajadores y luchadores procesados, ante las condenas de Natera y Gatti en Comodoro Rivadavia y ante la detención de Castells que ya lleva más de diez meses en la cárcel.

Ahora los radicales adhieren a la Internacional "Socialista" y el jefe de Gobierno de Buenos Aires, un clásico conservador, asume la representación. No debe sorprender, si convenimos que la imagen de dicha internacional se sostiene con la Tercera Vía de Tony Blair, el gobernante del capitalismo británico, o de los otros referentes europeos, autodenominados socialistas y fogoneros de la sangrienta agresión de la Otan a Yugoslavia.

¿Es ese el Nuevo Camino de la Alianza? ¿Es la búsqueda de una nueva hegemonía capitalista en la reestructuración que empujan las trasnacionales a fines del siglo? ¿Qué le dirá De la Rúa a los gobernantes del capitalismo europeo sobre la próxima Ronda del Milenio? ¿Qué dirán sobre los derechos de los trabajadores, suprimidos por las corporaciones trasnacionales apropiadoras de las empresas de servicios públicos en nuestro país? ¿Y qué sobre las prácticas de los monopolios externos que cada vez más asumen la titularidad de las empresas locales? ¿O es que el capitalismo de procedencia europea representa una vía diferente a la del capitalismo originario norteamericano?

Y todas estas preguntas sin dejar de considerar el mayor grado de dependencia de Europa de los EE.UU. remachado tras la guerra de los Balcanes.

Son muchos los interrogantes planteados y lamentablemente previsibles son las respuestas, ya que el capitalismo local ha dado muestras suficientes de capacidad para dar continuidad a una reestructuración regresiva iniciada de la mano del Terrorismo de Estado, el miedo instalado y el disciplinamiento social. Y si bien no es lo mismo Democracia que Dictadura, es cierto que por primera vez, en el ciclo iniciado en 1983, ya nadie la asocia con la Justicia Social. Las cifras de la desigualdad lo verifican con la frialdad de las estadísticas. Los ricos son más ricos, a costa de que los pobres son cada vez más pobres. Lo mismo ocurre con el Estado, identificado en el imaginario popular con un rol favorable a los sectores populares. La realidad devuelve un Estado que beneficia invariablemente a los sectores más concentradores del capital, de la riqueza y de la ganancia.

Un logro neoliberal fue la destrucción de los sujetos de la resistencia y para el cambio, proceso consumado tanto con la represión como con la manipulación del consenso. Reconstruir sujetos de lucha organizados y articulados en una propuesta política alternativa es la tarea de la revolución en los tiempos que corren. Es una tarea que apunta a la constitución de una central alternativa de trabajadores y a la necesidad de generalizar y coordinar la resistencia popular y que reclama con centralidad aportar a la construcción de una herramienta política que tiene en la unidad de las distintas corrientes de izquierda un presupuesto principal.

En la instalación de los pilares para ese esfuerzo toca un papel relevante a Izquierda Unida, la izquierda que supo unirse y que continúa su brega por más unidad de las orgánicas, de los sectores sociales y los políticos, de los independientes o extrapartidarios, de todos los que estén dispuestos a avanzar.

Remitimos a una diversidad de acciones e iniciativas, que los comunistas discutimos en nuestro 20 Congreso el pasado fin de semana. Y que aluden a la necesaria acumulación de fuerzas de la izquierda para poder incidir en el escenario de la lucha, que hoy por hoy, encuentra a las clases subordinadas sin un instrumento político para la confrontación. Un instrumento que permita, de una vez por todas, salir de la defensiva y con la masividad de sujetos que afirmen una nueva dinámica social en la resistencia, perfilar una ofensiva popular que pueda identificarse con procesos similares que recorren la geografía de América Latina, particularmente entre nuestros vecinos de Brasil y Uruguay.

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